BlancoyNegro.
Te van dando una y otra noticia, cada una peor que la anterior, y llega un día en que te das cuenta de que hay una persona que está enganchada a una máquina día tras día para poder seguir viviendo, y quieres que eso pare, que dejen de darla malas noticias, que se ponga bien, que no la vuelvas a ver en la cama de un hospital, que la operen, que la curen, que hagan lo que sea para que esté como antes, para que no tenga que ir a hacerse análisis cada mes, entonces te das cuenta de que la única solución es que haya un transplante, que se lo pongan a ella y que todo vuelva a la normalidad, lo deseas con todas tus fuerzas y después ves que para que eso suceda alguien en algún punto tiene que morir, alguien en algún lugar de tu misma ciudad tiene que tener un accidente o cualquier cosa para que esa persona a la que tanto quieres vuelva a vivir por si sola completamente, pero ese anónimo también tendrá un nombre, también tendrá una familia, unos amigos, quizás sea una niña de nueve años que aún no ha comenzado a vivir, quizás sea un anciano ilusionado que acaba de conocer a su primer nieto, quizás es una chica de treinta y dos años embarazada, quizás es una pareja que se iba de fin de semana a descansar del estrés; porque para que alguien viva estás pidiendo que alguien muera, es algo egoista, pero es mucho más; aún así hay gente que no quiere donar sus órganos, que quiere guardalos como si fuera un tesoro, que los quiere encerrar bajo tierra y quiere que se pierdan ahí, eso es aún más egoísta, pensar que puedes ayudar a alguien, salvarles la vida, darles una oportunidad de continuar con su vida, de alegrar a sus familias y que tú no quieres dársela; porque la cruda realidad de esto es que cuando alguien muere y dona sus órganos a otras cuatro o cinco personas las están llamando diciendo que han encontrado algo para ellas, que es compatible; alguien triste y alguien alegre; es cruel alegrarse por la muerte de otra persona, pero de idiota entristecerse y no celebrar tu posible nueva oportunidad.
